Fue un hombre mujeriego, sin embargo, la verdad es que se veía acosado en el camerino de manera frecuente por mujeres enamoradas de él, era hombre elegante y el más famoso del país en su época.

Así hablan las crónicas periodísticas de la época sobre el barítono dominicano Eduardo Brito, quien falleció el 05 de enero de 1946.

En honor a Eleuterio, Eduardo Brito que era su identidad real, el Teatro Nacional, que es el principal aforo del país lleva su nombre. En su tiempo se le llamó el Cantante de América.

Nació en el Cerro de Navas, sección del entonces municipio de Blanco hoy Luperón, provincia Puerto Plata, Eleuterio era el mayor de cinco hermanos procreados en unión libre o amancebados por Liboria Brito y Julián Alvarez.

Su fecha de nacimiento se sitúa, no registrada, el 21 de enero de 1906 ó 20 de febrero de ese año. En 1914 su familia se trasladó a la ciudad de Puerto Plata donde fue aprendiz de boxeador, realizaba labores de marchante como vendedor de dulces, frutas, limpiabotas hacía mandados para ayudar a la familia. Luego fue llevado a un taller de herrería donde laboró dos años.

Desde temprana edad cantaba y fue trascendiendo en los grupos de amigos y personas particulares que les escuchaban. En 1918 se traslada a Santiago y poco después se fue a Santo Domingo en compañía de amigos en busca de mejores horizontes. En 1931 audicionó para el maestro Pedro Serafín en el Metropolitan Opera House de la ciudad de New York.

Cuando mejoró su situación económica casó con Elena Bobadilla quien después sería la esposa del compositor venezolano Ernesto Magliano. El maestro Serafín fue quien le recomendó que asumiera la disciplina necesaria para que se convirtiera en cantante de opera.

Eduardo Brito fue para su época la voz más alta y afamada del país, ya que por temporadas realizó presentaciones en los principales teatros de América Latina y de Italia, Francia, Alemania, Portugal y con mayor frecuencia en España. En algunas de sus últimas presentaciones en aquellos escenarios comenzó a dar señales de desequilibrio mental, pero su fama y grandeza era magnitud que sus asistentes se encargaban de minizarles cualquier falta delante del público.

A su retorno al país, la sífilis que era enfermedad de base que padecía, aceleró su evolución lo cual le generó rápido deterioro. Fue ingresado al manicomio (hospital para enfermos mentales) situado en la comunidad de Nigua, San Cristóbal donde nunca dejó de cantar y murió cantando en su estado de delirios y alucinaciones.

Su amplia discografía incluye Lamento Esclavo, Siboney, Come me besabas tú, Mi último adiós, No te podré Olvidar, Rosario de besos, Dos Palabras, Laura, Soñar, El alma en los labios, No te olvidaré, Tristeza, Romance de mi destino y Mis delirios, entre otras muchas aplaudidas canciones en opera y zarzuela.

Por: Adriano Cruz Marte